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Educación nutricional

Educación nutricional

La educación nutricional es el proceso por el cual las creencias y las actitudes, las influencias ambientales y los conocimientos acerca de los alimentos, conducen al establecimiento de ciertos hábitos alimentarios, basados en la evidencia cientifica, prácticos y acordes con las necesidades individuales y la disponibilidad de alimentos.

Es un proceso multidisciplinario  que involucra la transferencia de información y la sustitución de los hábitos alimentarios presentes por otros más apropiados.

La educación nutricional es esencial desde los primeros años de vida ya que esta creará unos hábitos en el niño que lo acompañaran toda su vida. Por lo tanto, debe iniciarse lo más tempranamente posible, para lograr así un mayor impacto sobre el comportamiento individual. Su objetivo final y universal es la promoción de hábitos alimentarios saludables.

En Clínica Verbo somos especialistas en niños malcomedores y con aversiones alimentarias ya que contamos con un equipo multidisciplinar, compuesto por logopedas y nutricionista, que basandose en la evidencia cientifica más reciente aplicarán diferentes técnicas para solventar y corregir este comportamiento.

 

Pero... como identificamos un niño malcomedor?

 Un niño mal comedor es aquel que de manera habitual come poca cantidad o poca variedad de alimentos, o ambas circunstancias a la vez.

Los niños que comen mal pueden presentar temor excesivo o irracional a comer, llanto que dificulta la alimentación, ingesta selectiva, depresión o exceso de actividad, lo que se suma al poco interés en la alimentación.

Los niños inapetentes tienen más probabilidades de sufrir carencias nutricionales con el paso del tiempo, ya que sobre todo se niegan a comer  alimentos ricos en vitaminas, minerales y fibras. Las verduras y las hortalizas son los alimentos que mayor rechazo producen. Les siguen el pescado, las legumbres y la fruta.

Comer mal es un hábito que perjudica tanto el desarrollo físico como el rendimiento escolar.

Por lo general, es a partir de los dos años cuando los padres empiezan a detectar los primeros síntomas de que su hijo come mal, momento en el que incurren en el primer error: pensar que el tiempo solucionará el problema y que comerá de todo por iniciativa propia.

Pero además de retraso en el desarrollo del niño, el problema del malcomedor afecta a la vida familiar pues las comidas y los momentos previos trascurren en un clima de crispación, ansiedad y estrés: cuatro de cada diez padres españoles reconocen que es normal que en las comidas se escuchen gritos y llantos.

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